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viernes, 6 de mayo de 2011

La segunda muerte de Osama bin Laden. Por Paul Craig Roberts

Si hoy fuera 01 de abril y no 02 de mayo, podríamos descartar como una broma del April Fool’s (Día de los bufones de abril) los titulares de esta mañana en donde Osama Bin Laden murió en un tiroteo en Pakistán y rápidamente fue enterrado en el mar. Como es, debemos tomar esto como una evidencia más de que el gobierno de EE.UU. tiene una creencia ilimitada en la credulidad de los estadounidenses.

Piense en ello. ¿Cuáles son las probabilidades de que una persona que supuestamente sufre de una enfermedad renal y que requiera diálisis y, además, sufre de diabetes y presión arterial baja, sobreviva en refugios en la montaña por una década? Si Bin Laden fue capaz de adquirir equipos de diálisis y la atención médica que su estado requiere, ¿no se hubiese trasladado el equipo de diálisis a esta ubicación? ¿Por qué tomó diez años encontrarlo?

Considere también los alegatos, repetidos por medios triunfalistas de EE.UU. celebrando la muerte de Bin Laden, asegurando que "Bin Laden utiliza sus millones para financiar campos de entrenamiento terrorista en Sudán, Filipinas y Afganistán, el envío de"guerreros santos" para fomentar la revolución y la lucha con las fuerzas fundamentalistas musulmanes en el norte de África, en Chechenia, Tayikistán y Bosnia". Son un montón de actividades para financiar (tal vez los EE.UU. deben haberlo puesto a cargo del Pentágono), pero la pregunta principal es: ¿cómo pudo Bin Laden poder mover su dinero en esto? ¿Qué sistema bancario le está ayudando? El gobierno de EE.UU. consigue apoderarse de los bienes de la población y de países enteros, Libia es el caso más reciente. ¿Por qué no Bin Laden? ¿Estuvo cargando con él 100 millones de dólares en monedas de oro y enviándolo a emisarios para distribuir los pagos a sus operaciones remotas?

Los titulares de esta mañana tiene el olor de un evento organizado. El hedor de los informes de las noticias triunfalistas cargadas de exageraciones, de banderas ondeando celebrantes gritando "¡USA, USA!" ¿Podría estar pasando algo más?

Sin duda, el presidente Obama se encuentra en la desesperada necesidad de una victoria. Cometió el tonto error de reiniciar la guerra en Afganistán, y ahora, después de una década de lucha los EE.UU. se enfrentan a un punto muerto, o si no la derrota. Las guerras de los regímenes Bush y Obama han quebrado a los EE.UU., dejando un enorme déficit y la caída del dólar a su paso. Y el tiempo de re-elección se acerca.

Las mentiras y diversos engaños, tales como "armas de destrucción masiva" de las últimas administraciones han tenido consecuencias terribles para los EE.UU. y el mundo. Pero no todos los engaños son los mismos. Recuerde, la única razón para invadir Afganistán en primer lugar fue para atrapar a Bin Laden. Ahora que el presidente Obama ha declarado que Bin Laden han recibido un disparo en la cabeza por las fuerzas especiales de EE.UU. que operan en un país independiente y ha sido enterrado en el mar, no existe razón para continuar la guerra.

Tal vez la abrupta caída en el dólar en los mercados de divisas ha obligado a algunas reducciones de presupuesto real, que sólo pueden venir para detener las guerras abiertas. Hasta que la caída del dólar alcanzara el punto de ruptura, Osama Bin Laden, que muchos expertos creen que ha muerto desde hace años, era “el coco o el viejo de la bolsa” útil a utilizar para alimentar los beneficios del complejo de seguridad militar de EE.UU.




Fuente: GlobalResearch.ca / Osama bin Laden’s Second Death
Autor: Paul Craig Roberts (EEUU, 1939 -) Economista. Fue secretario adjunto del Tesoro en el gobierno de Ronald Reagan. Ademas fue redactor jefe del Wall Street Journal y Business Week. Ha escrito 8 libros, el último de ellos How the Economy Was Lost (Cómo perdimos la economía).
Fotografía: Times, 20 de mayo de 2011 / Portada


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domingo, 9 de enero de 2011

¿Donde está Bin Laden? Por Rafael Poch

Hace algunos años nos presentaron a un señor con barba y turbante. Se llamaba Osama Bin Laden y era el enemigo público número uno. ¿Donde está Bin?, ¿por qué no se habla de él? El último vídeo que nos pasaron de él, con fecha de 7 de septiembre de 2007, era una falsificación, opinan muchos observadores. Algunos dicen que el tipo del vídeo ya no era Bin; la nariz, la barba, nada se correspondía con el del anterior mensaje de 2004. Ni siquiera el movimiento de los labios con las palabras.1

Poco después, el 2 de Noviembre de 2007, el periodista David Frost entrevistó a la ex primer ministro pakistanií, Benazir Bhutto, en el canal en inglés de Al Yazira. El tema era el tremendo atentado que saludó el regreso de Bhutto a Pakistán tras años de exilio: aquella bomba que mató a un centenar de personas en Karachi al paso de su triunfal caravana. Hablando de sus sospechas sobre la autoría de aquel atentado del que salió ilesa, Bhutto mencionó, de pasada, a “un oficial de los servicios secretos paquistaníes que tuvo relaciones con Omar Sheik, el hombre que mató a Osama Bin Laden”.2

Bhutto se refería a Ahmed Omar Saeed Sheikh, al que también se atribuye el secuestro y asesinato del periodista americano Daniel Pearl. Cualquier estudiante de primero de periodismo habría reaccionado a aquella frase con una descarga eléctrica de alto voltaje, al menos con alguna pregunta, pero David Frost, un periodista estrella de la BBC con cuarenta años de experiencia que se pasó como tantos otros a Al Yazira, ni siquiera pestañeó. Respecto a Bhutto, como se sabe, murió en un segundo atentado contra su persona veinticinco días después de la entrevista, el 27 de diciembre de 2007.

La higiénica película de Giulietto Chiesa, con Dario Fo y otros sobre el 11-S, “Zero”3, menciona también que algunas de las apariciones públicas de Bin Laden grabadas en vídeo, son groseras falsificaciones y se pregunta, ¿”quien agita el fantasma de Bin Laden?”. Jürgen Elsässer, un periodista alemán afirma en sus libros que muchos de los presuntos autores y tripulantes suicidas de los aviones del 11-S eran antiguos mercenarios utilizados por la CIA en la guerra de Bosnia.

Nada de lo anterior significa abonarse a una “teoría de la conspiración”. Sin embargo, el simple hecho, enorme y evidente, es que, muchos años después del 11-S, todo aquello que tuvo como principal consecuencia meter a Occidente en nuevas guerras alrededor de la primera zona energética del mundo, sigue siendo muy confuso. El secreto y la mentira están en el mismo centro de la razón de Estado. Los medios de comunicación, sin embargo, no se complican la vida con ello.

Todo lo que rodea a la esfera de la seguridad se parece con asombrosa frecuencia a un festival de despropósitos, pero el público lo consume de forma parecida a la que David Frost escuchó la afirmación de Bhutto: sin inmutarse.

Paul Craig Roberts, un vicesecretario de finanzas con Ronald Reagan y ex redactor de The Wall Street Journal, si que se ha inmutado. La mayoría de los atentados islámicos registrados o frustrados en Estados Unidos desde el 11-S fueron orquestados con ayuda del FBI. La bomba que tenía que poner Osman Mohamud en Portland la suministró el FBI. Tanto Mohamud como Faroque Ahmed, otro implicado en un proyecto de atentado con bomba en Virginia, fueron persuadidos por el FBI para su intento, una labor que llevó medio año a los agentes hasta que lograron que el asunto se pusiera en marcha.

“Desde el 11-S el único complot terrorista que puedo recordar que no fue un obvio montaje del FBI, fue el de Times Square en el que Faisal Shahzad fue condenado por intentar explosionar un coche bomba en Manhattan, pero también es sospechoso porque se podría pensar que un terrorista de verdad habría usado una bomba real y no una bomba de humo”, dice Craig Roberts.

Algo parecido ocurrió con la principal célula islamista desarticulada en Alemania, en 2007, el llamado “grupo de Sauerland”: fueron reclutados por un turco colaborador de la CIA y el explosivo del atentado que nunca tuvo lugar lo suministró la propia policía alemana, como es público y notorio.

En la última alarma antiterrorista lanzada en Alemania, la supuesta bomba localizada para embarcar en un avión alemán en Namibia, también la colocó un oficial de policía. En Alemania todos estos sucesos y circunstancias, han coincidido, frecuentemente, con diversos hitos políticos, sea la renovación del mandato parlamentario para la participación del Bundeswehr en la campaña afgana, o sea replantear una nueva ley policial lesiva para los derechos civiles. Otros sucesos carecen hasta de contexto: si Al Qaeda, quiere enviar paquetes bomba a Europa y América, ¿realmente los enviará desde Yemen vía aérea? ¿No sería más fácil mandarlos directamente desde el país de origen?

En el último atentado de Estocolmo también llama la atención el enorme nivel de chapuza: el coche estalla sin matar a nadie, y el terrorista suicida, con su cinturón de explosivos, sólo consigue matarse a si mismo al detonarse. En Navidad y en el centro comercial de la ciudad. Asombroso. Sin embargo la opinión pública y los medios que la conforman no hacen cuestión del asunto, igual que Frost. La serie es inagotable. La provocación forma parte de la labor policial, pero a veces los medios de comunicación deben hacer preguntas y no confiar ciegamente en las apetitosas leyendas precocinadas que nos ofrece el menú del día. A propósito, ¿donde está Bin Laden?




Fuente: LaVanguardia.es
Autor: Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, 1956-) ha sido veinte años corresponsal de La Vanguardia en Moscú y Pekín. Antes estudió historia contemporánea en Barcelona y Berlín Oeste, fue corresponsal en España de "Die Tageszeitung", redactor de la agencia alemana de prensa DPA en Hamburgo y corresponsal itinerante en Europa del Este (1983 a 1987). Actual corresponsal de La Vanguardia en Berlín.
Referencias: 1. Ver en http://www.msnbc.msn.com/id/21530470/ns/nightly_news/ 2. Ver en: http://www.youtube.com/watch?v=UnychOXj9Tg 3. Ver ojoadventista.com/2011/01/cero-investigacion-sobre-el-11-de.html 4.


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